El multifacético mundo de la cantante Sara Sabah

29/Ago/2016

Montevideo Portal, por Ana Jerozolimski

El multifacético mundo de la cantante Sara Sabah

Es uruguaya, es israelí, ama la música de
Ruben Rada y de Esther Ofarim, de Alfredo Zitarrosa y del cancionero sefaradí
(de los judíos oriundos de la península Ibérica, Turquía, los Balcanes). Sara
Sabah, nacida en el kibutz Beit Zera, hija de padres uruguayos y radicada ella
misma en Uruguay a los casi 11 años al volver sus padres al país, no precisa
etiquetas. En su mundo espiritual y su corazón musical, hay lugar para todo.
Disfruta de juntar los diversos mundos que cohabitan en ella y que le han dado
su propia identidad.
Por eso, espera ansiosa el «Festival
de la Tierra» que se llevará a cabo en octubre, en el que participa,
honrada, con el proyecto «Sambas por vos», mientras continúa abocada
a su iniciativa de juntar músicos uruguayos e israelíes en un disco de música
sefaradí.
Además, está la vida diaria… Siendo madre
de dos hijos de 4 y 11 años, Sara tiene sin duda bastante que hacer.
Sobre sus mundos, es esta entrevista.
¿En qué anda Sara Sabah ahora?
Estoy en un proyecto para grabar un disco
de música de canciones sefaradíes con músicos de Uruguay e Israel. Los
israelíes, que hacen el trabajo de producción musical y artística, son como
bastante referentes para mí y además a través de ellos me he estado
interiorizando en la música israelí actual. Y ahí está Roni Iwryn, mi Roni
querido, que aparte es amigo de la familia, y que sabe todo lo que hay que
hacer. Te diré que estoy en esto hace como dos años, pensando, intentando
encontrar las canciones justas entre las que tenía en mi bagaje sefaradí, como
herencia, y otras que he ido aprendiendo.
O sea que esto toca parte de la tradición,
de tu familia, de parte del pueblo judío…
Sin duda. Y la verdad es que yo sentía que
en algún momento iba a hacer un repertorio tradicional porque no puedo evitar
hacerlo y porque siempre estoy vinculada o por algún acto, o por alguna fecha
conmemorativa de algo, estoy como ligada al repertorio israelí o hebreo
tradicional. En realidad esto abarca muchas cosas, muchos estilos.
¿Cómo armás un proyecto así con colegas
israelíes, con océano de por medio?
Hoy podés armar un disco en dos países a la
vez. Mandás un link, la persona entra, lo baja a su máquina y graba su parte.
Eso es maravilloso por un lado, por otro también es complicado porque no está
el músico, y en realidad la individualidad en el arte es una cosa muy
importante: estar con el intérprete, con la persona, viéndolo tocar,
escuchándola. Hay cosas que son necesarias. La música es intangible, pero estar
con otro siempre es un plus. Por eso también la idea de poder viajar a Israel y
hacerlo con ellos. O sea, este proyecto es un proyecto como de un viaje que
comenzó y que yo hace tiempo siento que lo quiero llevar más lejos.
Mencionaste a Roni Iwryn, músico uruguayo
israelí, que está haciendo un gran trabajo en su ámbito en Israel. Ha tocado
con Idan Raichel, sin duda una de las grandes estrellas de la canción israelí
actual, inclusive se presentó con él en el Teatro Solís hace unos años y
recuerdo que me contaba de su emoción. Y tiene el conjunto Yemen Blues… mucha
cosa.
Así es. Te cuento que cuando Roni estuvo
con Idan en Uruguay yo lo llevé a ver tambores, lo llevé a la casa de Nico
Arnicho, hicimos como un vínculo musical. Tenemos muy buena onda, él me
escucha, también me ayuda a organizar el trabajo .Es como un hermano para mí. Y
a través de él conocí a Yankele Segal, que es un músico bajista que trabaja con
él y con el que además tiene una amistad hace muchos años. Y en el proyecto
están ambos. Yankale está también en otros proyectos, por ejemplo de liturgia
judía. Yankale es hijo de judíos oriundos de Libia. Tengo una gran ansia
musical, ya deseosa de cerrar el proyecto. Quiero que las canciones que elegí
recobren un espíritu de sonido israelí actual, porque Yemen Blues, el conjunto
de Roni que ya mencionaste, es increíble.
¿Cuál es la próxima etapa en este proyecto?
No tenemos tiempos totalmente claros,
porque mi idea era viajar en agosto a Israel con otro músico uruguayo, Federico
Righi, el bajista de Rada, de Fernando Cabrera. Pero al final no podemos ahora.
Se hará un poco más adelante. La idea es empaparnos de todo lo que tenga que
ver con música que acá no existe, instrumentos del Medio Oriente que no hay en
Uruguay, como el «ud» por ejemplo. Pero además quiero ver otras
cosas, no sólo el legado sefaradí, así que será algo distinto. De todos modos,
puede llevar todavía por lo menos un año.
MÚSICA SEFARADÍ E INFLUENCIAS
Entiendo que podemos presentar este
proyecto entonces, aunque aún no está cerrado, como un proyecto de música
sefaradí ¿verdad?
Así es. En principio el repertorio está
definido ya hace bastante tiempo pero puede haber cambios.
Ahora, cuando se habla de música sefaradí
en Uruguay uno piensa en una cosa, y en Israel, en parte, es otra…Y
mencionaste el «ud», el instrumento, que es más del mundo árabe.
Es que justamente esa fusión es lo que a mí
me interesa. Convengamos que el judío sefaradí cuando era español, vivía en
España antes de 1492, no estaba distanciado del universo sonoro árabe aunque
estaban todos ahí juntos. Y tampoco del gitano ni del africano. Y de allí
salieron músicas que vienen de la elaboración hebrea del estilo español, pero
también estaba la mezquita ahí al lado. Entonces a mí me parece que tiene como
una universalidad que sin querer entra en todo.
FUSIONES URUGUAYAS
Pero yo me pregunto cómo funcionará esa
fusión en Uruguay… ¿Cómo te parece que esa combinación en la que estás
pensando, puede tocar el alma, el gusto, de un uruguayo no judío? Un judío, en
cualquier lado, si le decís «canciones sefaradíes», ya tiene una
idea, hay cosas que llegan de la tradición, aunque uno no sea sefaradí…
¿Funcionará igual para todo público? Y entre en broma y en serio te pregunto:
¿Dónde van a aparecer los tambores?
Van a aparecer. Pero lo central es que creo
que la música tiene una universalidad. Yo puedo estar escuchando una polca e
igual identificarme en algún lugar. Ahora, viene el Bebe Cigala acá a cantar
flamenco y canta una versión de «Niebla del riachuelo» ¡y te vuela la
cabeza! Porque el gitano ese es universal, puede hacer lo que quiera porque es
profundo y porque es real. Y yo creo que esa es la gran búsqueda de los
músicos: encontrar el lugar donde pertenecen, qué es lo que tienen que decir y
cómo.
Y todo esto es una combinación también para
vos, como uruguaya y judía.
Sin duda. Yo amo cantar una canción de Rada
y versionarla, o de Hugo Fatorusso, que son parte también de la misma historia
y de lo que yo soy como uruguaya, y también tengo mucha curiosidad de ver qué
puedo hacer con esa herencia que tengo. Porque están de fondo también mis
abuelos, que vinieron de Turquía y llegaron cuando la sinagoga estaba
construyéndose en la calle Buenos Aires. Y mi papá cantó ahí.
LA HISTORIA FAMILIAR
Y llegamos a lo que esperaba, porque
siempre me resulta especialmente interesante, el conocer tu mundo a través de
tu historia familiar…Vayamos por orden naciste en Israel y llegaste a Uruguay
de niña.
Así es. Llegué a los 10 y cumplí 11 acá.
Mis padres, ambos, son uruguayos. Se radicaron en Israel en el 71-72, yo nací
en el 74. Y la música fue parte de mi hogar desde chica. En Uruguay empecé
cantando en coros de la escuela y en ámbitos de la colectividad, judaicos. Fui
al Instituto Ariel hasta que empecé a hablar español bien. Y entonces me pasé a
un liceo público, al Zorrilla.
En Israel mis padres escuchaban canciones
tradicionales de Israel, pero no ligadas a la religión. Los viernes venía al
kibutz Sarale Sharon, la conocida cantante de lo que se llama en hebreo
«shirá betsibur», o sea ese canto colectivo, todos juntos. Los niños
mirábamos por la ventana, admirados. La cultura israelí canta mucho y yo eso lo
tengo. Para mí todo el mundo puede cantar y debe en algún lugar cantar.
¿Y la parte sefaradí?
Bueno, eso es una de las cosas
interesantes. Yo no sabía que mi papá sabía rezar, o sea rezar cantando,
orando. No sabía que tenía ese vínculo espiritual. Un día acá en la sinagoga de
la calle Buenos Aires, cuando hacía poco que habíamos llegado, dice: «Voy
a ir a la sinagoga», y yo le dije «Voy contigo». Era una niña,
11 años, y yo me senté en la calle Buenos Aires… Vivíamos cerca, en Ciudad Vieja…
Y de repente lo escucho cantar y digo: «¡¿Y esto?!», yo no podía
creer. ¿Cómo no sabía que mi papá podía cantar así? Sentí que descubrí el mundo
espiritual de mi papá ya de grande.
¿En qué circunstancias fue allí a cantar?
Era un viernes de noche, el oficio de
Shabat. Y yo dije «¿Y esto dónde estaba? ¿Cómo puede ser que yo, que canté
tanto con mi papá, nunca había oído algo así?». Pero realmente, de fondo,
había un gran amor por la música, de los dos mundos. Es que mi padre escuchaba
a Zitarrosa y a Esther Ofarim.Realmente, en mi casa sonaba la Misa Criolla en
el kibutz, y yo decía: «Gloria a Dios» y no entendía lo que decía.
Me encanta…
Y mi hermano escuchaba al cantante israelí
Shlomo Gronich…En las horas que estábamos con nuestros padres, y no en las
viviendas de los niños como se acostumbraba en el kibutz, cada uno aportaba lo
suyo. Pero volviendo a lo sefaradí que me habías preguntado, la verdad es que
llegué a ese lado sefaradí de mi papá en Uruguay. Se encontraba con los amigos
y hablaba una cosa rarísima, las «sillikas», el «boico», y
yo decía: «¿Qué es esto?» Me encontré con eso de grande. El no habla
ladino fluido, pero lo tiene ahí.
Ladino, aclaremos para quien no conoce, el
idioma llamado también «judeo español» (con la j pronunciada fuerte,
como la y en ya)…Así que aunque lo descubriste recién a los 11 años, todo eso
te quedó…
Me quedó porque veo cómo lo vivía mi papá.
Mis padres no eran religiosos, pero sí muy espirituales. Mis padres tienen una
forma peculiar de concebir el universo.Y parte de ello es la conexión afectiva
con el espíritu judaico. Y yo vivo la religión desde un lugar muy particular, o
sea, admiro, respeto, aunque también hay cosas con las que discrepo mucho
también, y volviendo a la música, siento que la musicalidad está en esa libertad
también. Juntando todo, soy judía y pertenezco a eso, pero también a otras
cosas.
Y eso lo sentiste desde muy joven ¿verdad?
Es cierto. Teníamos una banda a los 15
años, de chicos del Instituto Ariel mismo, pero apenas conocí músicos que no
eran de la colectividad, me interesó hacer otro repertorio que no sea israelí.
Porque hacíamos como covers de cosas israelíes para fiestas. La vida musical
intenté hacerla por fuera también porque es parte del crecimiento panorámico de
lo que uno puede hacer o no puede hacer. El hecho de cantar con Rada fue una
maravilla, un gran regalo.
CON LA MÚSICA NACIONAL Y RADA
El haber cantado con él, estando ligada a
quien sin duda es uno de los grandes símbolos de la música uruguaya ¿te influyó
mucho en tu formación y en tu sentimiento?
Sí, totalmente. Los músicos uruguayos son
muy talentosos, muy creativos y son entrañables. Yo siempre me sentí bien, o
sea, nunca me sentí que no era uruguaya.
¿Dónde surgía, si es que surgía, tu
condición judía en el trabajo con músicos compatriotas pero no judíos?
Tengo una mamá que cocina increíblemente
comidas sefaradíes. Para mí, la música está muy ligada al placer. Y no hay cosa
más linda para mí que otro coma algo que hacía mi abuela, que mi mamá aprendió
a hacer y es así. Yo traía eso y explicaba: «Esto se llama dedos de novia,
está hecho de dátiles. La masa e de origen griego pero mi madre le hace una
transformación porque le pone más nueces que dátiles porque el sabor…».
Y así componíamos. Eso es componer. Yo creo que uno de los mejores pasajes para
entrar a los corazones de las personas es la comida
Con un aporte cultural judío culinario.
Aparte de eso que es un poco el color del tema, de fondo ¿cómo sentiste tu
inserción en la música nacional viniendo también de la cultura judía? ¿Era un
tema? ¿Despertaba curiosidad, preguntas?
Por ejemplo, la música uruguaya tiene cosas
maravillosas pero yo no sé si puedo componer un candombe. Creo que necesitaría
un trabajo distinto.
Eso puede ser cuestión de estilos de cada
uno, ¿no?
Puede ser, no sé si me saldría. Capaz que
me siento y lo hago pero claro, si tengo que agarrar un tambor soy terrible.
Estuve 10 años con el símbolo o representante de la música uruguaya y no soy
una persona que frente a un tambor sé mucho lo que hacer. Y yo me reía de mí
misma bailando candombe porque Rada siempre me decía que lo mío era
«candómbele».
Aclaremos para quien no entiende…El
«ele» al final, es , como en idish, el idioma que hablaban los judíos
de Europa central, el diminutivo, es como decir «candombito» o
«candombecito», pero medio judío , porque viene del idish..
Sí y Rada se reía. Pero a su vez yo igual
sentí que pertenezco. Ahora estoy en el Proyecto Samba por Vos, que es como un
colectivo de artistas que homenajean a Zitarrosa todos los años en el marco de
un festival increíble que se llama «Festival de la Tierra». Es un
proyecto maravilloso y que me hayan invitado a mí a un colectivo de músicos
uruguayos a cantar una canción que cantaba Zitarrosa o que es de Zitarrosa, es
un honor. Porque yo recordaba las músicas de Zitarrosa, de niña en el kibutz
mis padres escuchaban, tenía la voz de Zitarrosa de ahí. Y realmente es un
regalo que me digan: «Sarita, ¿no querés participar?» Entonces me
siento una privilegiada y estoy tan agradecida del ámbito musical uruguayo que
me permite vincularme y ser uruguaya manteniendo la comida de mi madre o una
fecha en la que ese día no puedo tocar porque es una fiesta judía…que no
tengo palabras…
¿Cuándo es este festival?
Este festival en general es en octubre y
junta muchas áreas: hay desde talleres de cocina para niños… Se hace en el
espacio de Jacksonville, hay en Zona Franca. Son dos días, un fin de semana
increíble, con músicos de toda la región, traen músicos argentinos. Es
precioso, es al aire libre, se llena de familia. Hay un escenario en la
capilla, donde hacen cosas mujeres en general, viene Liliana Herrero, el año
pasado estuvo [Jorge] Fandermole en el escenario principal, vienen
instrumentistas de proyectos brasileros maravillosos. Y en el cierre del
festival está «Samba por Vos», que es ese colectivo en el que aparte
trabajan Pablo «el Pinocho» Routin, Maia Castro, Ana Prada, estamos
ahí y cada uno hace una interpretación de un tema de Zitarrosa. Es una gran
bendición y una gran felicidad pertenecer a ese grupo.
SOY URUGUAYA Y TAMBIÉN PARTE DE ISRAEL
Cuando llegaste a Uruguay eras una niña,
pero ya grande. ¿Te acordás cómo fue tu proceso de inserción, el momento en el
que sentiste que eras uruguaya?
En realidad creo que soy uruguaya y mis
padres también se han encargado de transmitirme el Uruguay. Una de las cosas
más lindas que me acuerdo y nunca me voy a olvidar es mi mamá sentada en mi
cama, diciéndome: «En Uruguay hay paz». Y yo ya dije: » Ese es
el mejor lugar para estar». Después vi otros puntos, como el de la
independencia. Es que en el kibutz sos muy independiente pero estás en un
ámbito cerrado. Yo me tomaba un ómnibus y para mí era la gloria, ir a la
escuela sola en ómnibus con mis hermanos… No había nada más mágico. Para mí
no fue nada como drástico ni dramático vivir en una ciudad. El día del
aeropuerto llegamos y viste que bueno, el aeropuerto es en Carrasco, vas, y la
rambla va mutando según los barrios y todo me parecía increíble. «¿Acá qué
hay? ¡Pah, hay agua por todos lados!» Nosotros teníamos al Kineret no tan
lejos (el Mar de Galilea), íbamos cada tanto, cuando estábamos en Israel.
¿Qué recuerdos guardás del lugar en el que
naciste y viviste en Israel?
El Kibutz Beit Zera, frente a Degania. Un
lugar increíble. Nosotros teníamos la piscina comunitaria y las montañas
estaban ahí. No puedo quejarme, el entorno siempre me ayudó, y siempre fui
feliz. Bueno, sí, la guerra es un elemento complicado donde se viva, pero
llegué a Uruguay y me sentí muy bien. Me gusta mucho Uruguay. Pero creo que
podría igual vivir en otros lados. En parte es porque cuando ya te vas de un
lado, después es otra cosa. Y además, la música también tiene la universalidad.
El hecho de vivir una vida comunitaria de
niña a mí me hizo bien, me hizo feliz. Y de grande comprender que uno es de un
lugar y de otro también, y Uruguay me ayudó mucho a abrirme y a conocer cosas
nuevas.
¿Te seguís sintiendo parte también de
Israel?
Sí. Me pasa que cada tantos años tengo una
necesidad de volver. Obviamente, me gustaría ver a mis sobrinos. Hay algo en
Israel que es eso mismo intangible que te dije de la música universal, que
necesito estar también. Y que me trae a eso que canto como uruguaya pero con
algo israelí.
MUCHAS ETIQUETAS… Y NINGUNA
Realmente confluyen en vos varios mundos,
¿no? ¿Pero vos tenés cuestión de varias identidades que se mezclan o está todo
hace años formado en una?
Yo aprendí que esa soy yo. En principio yo
no sabía, yo les decía a los músicos de la banda: «No, pero cantar esta
canción en el repertorio uruguayo, «Morenica», una típica canción
judía sefaradí ¿qué tiene que ver?». Y me decían: «Sara, es música,
igual te sale, te sale». El texto «Morenica» es de 1400, ¿cómo
no va a cantar? Es una joya.
Sara, es precioso cómo lo describís, me
encanta. Cuando vos cantás «Morenica» en un marco así, u otra cosa,
para vos es todo parte de la música que amás. ¿Pero por algún lugar también
está el hecho de que hacés conocer la parte judía de tu identidad?
Mirá, yo canto un tema de Rada, canto un
tema de Leo Maslíah, una canción de Hugo Fatorusso, y en el medio canto a veces
«Beit Mir Bistu Shein»,una canción en idish, aunque no soy ashkenazi.
Pero es un jazz de Ella Fitzgerald, con el aporte de los judíos en los años
1940 en Estados Unidos, con la impronta de los compositores europeos. Entonces
yo no estoy lejos tampoco. Y después canto una canción de Fortuna, de Brasil.
Eso ecléctico por un lado me genera mucha felicidad y por otro lado me genera
mucha ansiedad también, porque a veces no estoy en ningún lugar. Me pasa mucho
que la gente me va a ver y dice: «¿Qué hacés? ¿Sos una cantante de jazz,
sos una cantante popular uruguaya, sos una cantante que canta cosas
tradicionales judaicas?»
¿Te molesta que la gente busque etiquetas?
Es lo más lógico, yo también lo hago en
otros.
Pero vos tenés varias a la vez…
Y bueno, ¡yo soy multimarca! Lo que me pasa
es que intento encontrar la unidad, es lo más difícil.
¿Algo más que quieras agregar, que yo no
haya sabido preguntarte?
No, agradecerte, que finalmente nos vemos,
compartimos un café… Y recordemos que vos también sos una ciudadana de los
dos lados.